Se ven también las costumbres ancestrales de los palestinos,
la organización de las familias, el sometimiento de las mujeres, a las cuales
no se les da ninguna opción. No se entiende que la relación tan intensa y
duradera de Abed y Ghalz se rompa casi de repente sin darles la oportunidad de
continuarla.
Vemos las grandes dificultades de la vida cotidiana que a
partir de cosas cercanas a nosotros como puede ser la preparación de los dulces
para la excursión, también aparecen las tarjetas de colores para desplazarse,
las carreteras infernales, los controles, etc.
Otro de los participantes comenta que le ha gustado el
libro, independientemente del horror, y desde la descripción de la vida diaria
nos cuenta la situación de la población sin ser condescendiente con los
palestinos. Habla, así mismo de la claudicación de la OLP que se ha convertido
en un conjunto de burócratas y usurpadores, de la ayuda de la URSS al FDLP y
del apoyo a la población. De igual modo, presenta a los palestinos no como una
unidad, sino que tienen enfrentamientos, nos cuenta la Historia real desde su
punto de vista, no como se ve desde Occidente. A Arafat lo pone “tibio”. Nos
sorprende que el accidente del autobús se produjo al lado prácticamente de un
control israelí y no acudieron a su auxilio, sin embargo, si hubiesen sido
niños tirando piedras a algún coche policial hubiesen acudido ipso facto.
Ha resultado difícil de leer con tanto nombre, menos mal a
la enumeración del principio del libro que lo facilita un poco.
Otra cosa interesante son los recuerdos de la abuela de Huda
cuando vivían juntos judíos y árabes, todos convivían con bastante concordia,
también se ve en el libro de Julia Navarro: “Dispara, yo ya estoy muerto”.
La historia es terrible sobre todo a partir de la
descolonización del 1948. Europa y principalmente Alemania tenía que resolver
su pecado con los “pobrecitos” judíos y el Holocausto y también, pensamos que
se querían quitar de encima los judíos europeos y asiáticos que seguían sin ser
bien vistos. La resolución del conflicto
la vemos muy lejana tal y como está hoy en día la geopolítica, sólo con una
autoridad internacional de interposición con una propuesta justa se podría
solucionar. No todos los israelitas son iguales aparece gente que ayuda y tiene
opiniones diferentes a su gobierno y además entre ellos no todos son
considerados del mismo modo, según su origen hay diferentes categorías y discriminaciones.
Sin el apoyo de EE UU Israel no sería nada, y hay que considerar también los
intereses capitalistas y la influencia del petróleo, el imperialismo de Trump y
el papel de China. Hay que pensar que en un principio la experiencia de los
kibutz era una propuesta socialista, pero los jóvenes en este momento han
sufrido una manipulación educativa que les lleva a reírse de la muerte de los
niños palestinos. En estos momentos hay un cierto paralelismo con la postura de
los jóvenes españoles con respecto a los emigrantes.
Abed reconoce tierras que habían sido de su familia y que
ahora ocupan ilegalmente colonos.
Es un libro imprescindible, una historia particular a partir
de un accidente de un autobús escolar, le sirve al autor para tratar de
explicar la historia en mayúsculas y mostrar la injusticia de la situación que
se vive en Palestina y eso que están en 2012 y no en el momento actual.
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